Petro, la Isla de Santa Rosa y la Trampa de la Guerra Fratricida.


En los últimos días, Gustavo Petro ha encendido los tambores de guerra con el Perú bajo el pretexto de un diferendo sobre la pequeña Isla de Santa Rosa, ubicada en el río Amazonas. La narrativa oficial habla de “defensa de la soberanía” y “protección del territorio nacional”. Pero para quienes tenemos memoria histórica, identidad hispánica y visión multipolar, el libreto es demasiado predecible: una cortina de humo.

No es la primera vez que un régimen en crisis interna agita un conflicto externo para desviar la atención. Petro enfrenta dos problemas que no logra disimular:

1. La persecución judicial contra Álvaro Uribe Vélez, una maniobra que más que justicia busca aniquilar al principal símbolo del anticomunismo en Colombia.


2. La creciente presión de Estados Unidos, que observa con preocupación la sociedad estratégica de Petro con Nicolás Maduro y su proyecto de “zonas binacionales” en la frontera colombo-venezolana, un paso más hacia la integración de la Colombia bolivariana en la órbita del socialismo continental.



Una guerra entre hermanos

Perú y Colombia comparten sangre, lengua, fe e historia común en la gran empresa de la Hispanidad. Nuestras diferencias históricas —magnificadas por la propaganda anglosajona desde el siglo XIX— han sido heridas artificiales abiertas por intereses ajenos, no por el sentir profundo de nuestros pueblos. Pretender que un islote en el Amazonas justifica derramar sangre hispana es caer en la trampa de quienes buscan dividir el bloque andino y debilitar la resistencia frente al globalismo.

El peligro de la agenda oculta

Mientras Petro posa de estadista guerrero, el país se hunde en inseguridad, inflación y crisis institucional. El ruido bélico oculta su verdadero proyecto: consolidar un eje Bogotá-Caracas- La Habana como plataforma del Foro de São Paulo en Sudamérica, desintegrando las estructuras republicanas que aún resisten.

La guerra con Perú no solo sería fratricida, sino que serviría para:

Destruir cualquier posibilidad de alianza multipolar genuina entre naciones hispánicas.

Justificar un estado de excepción que le permita reprimir disidentes y opositores internos.

Desviar la atención de la ofensiva judicial contra Uribe y otros referentes del campo patriótico.


Hispanidad y multipolaridad

En un mundo que se reorganiza en bloques civilizatorios, el deber de Colombia no es agredir a sus hermanos peruanos, sino tejer un frente común de cooperación, defensa mutua y desarrollo soberano. La multipolaridad auténtica, inspirada en nuestros valores tradicionales, rechaza el intervencionismo globalista pero también la guerra fratricida.

Petro sabe que la Isla de Santa Rosa es un pretexto. Su guerra no es contra el Perú, es contra la Colombia profunda que no se rinde ante la agenda progresista. Por eso, los hijos de la Cuarta Roma debemos denunciar esta maniobra y reafirmar que la única guerra legítima es contra el globalismo, el narcocomunismo y la disolución moral que nos quieren imponer.

Ni guerra fratricida ni sumisión globalista.
Hispanidad unida, Imperio fuerte.

Comandante Pirro
Juventudes Hispanistas y Ortodoxas de Bogotá ☦ 

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