Persecución contra la tradición.


En la Hispanoamérica del siglo XXI, la política ya no se juega solo en las urnas. Se libra en tribunales, en fiscalías, en medios y en despachos de jueces que se han convertido en operadores ideológicos del progresismo global. La nueva izquierda continental, asociada con ONGs extranjeras, organismos multilaterales y redes de poder transnacional, ha perfeccionado el uso de la justicia como un arma política: el lawfare —la guerra jurídica— ya no es una herramienta ocasional, sino una estrategia central. ¿El objetivo? Aplastar todo liderazgo que represente una amenaza a su hegemonía moral, ideológica y política.

Hoy, la persecución contra Jair Bolsonaro en Brasil es un ejemplo flagrante. Quieren inhabilitarlo políticamente por razones ridículas, inconsistentes y descaradamente fabricadas. Lo acusan, por ejemplo, de "desinformación", de "riesgo a la democracia" o de haber convocado multitudes. El sistema judicial brasileño, en manos de figuras como Alexandre de Moraes —más un activista político que un juez imparcial—, ha emprendido una cacería de brujas contra todo lo que huela a derecha, cristianismo o soberanía nacional.

Pero Bolsonaro no está solo. Este patrón se repite con Donald Trump en Estados Unidos, el líder más fuerte del movimiento soberanista occidental. La élite judicial norteamericana, con fiscales militantes y jueces abiertamente parcializados, ha lanzado una batería de casos en su contra justo cuando su campaña presidencial toma fuerza. Cargos que hace una década serían impensables, hoy son presentados con histeria mediática como si se tratara de una amenaza existencial para la democracia. Lo mismo que decían de Bolsonaro. Lo mismo que dijeron, hace años, de Álvaro Uribe Vélez en Colombia.

Uribe, con todos sus matices, representa lo que a la izquierda le incomoda: un liderazgo fuerte, anclado en valores tradicionales, con respaldo popular real. También fue objeto de montajes judiciales, infiltraciones ilegales, testigos amañados y campañas de difamación. El mismo libreto: enlodar el nombre, aislarlo políticamente, y si es posible, encerrarlo.

¿Qué tienen en común Trump, Bolsonaro y Uribe? No solo representan sectores conservadores. Representan una idea peligrosa para el globalismo: el retorno de la soberanía, del arraigo, de la tradición. Son obstáculos para la agenda progresista, para el modelo de neocolonialismo financiero, climático y moral que las élites de Bruselas, Washington y Nueva York quieren imponer como "universal". Y por eso deben ser borrados del mapa político.

Pero detrás de estos casos no solo hay persecución política. Hay algo aún más profundo: el intento de destruir la noción misma de liderazgo tradicional, de nación, de familia y de orden. Se pretende instalar la idea de que solo lo que se ajusta a los valores del progresismo posmoderno es legítimo. Todo lo demás —el patriotismo, el cristianismo, la defensa de la familia o del orden— debe ser criminalizado.

Hoy más que nunca, la tradición está bajo asedio. Y no se trata de una metáfora. Es un ataque sistemático, jurídico, mediático y cultural. Quienes creemos en el mundo multipolar, en las raíces civilizatorias de nuestros pueblos, en la alianza entre América Latina, Eurasia y el resurgimiento de las naciones soberanas, debemos alzar la voz. No se trata de defender a un político, sino de defender el derecho mismo a la existencia de otra visión del mundo.

Bogotá Ortodoxa se une a quienes denuncian esta persecución. Porque lo que está en juego no es solo el futuro de Bolsonaro o Trump. Es el futuro de nuestras patrias.

Comandante Pirro
Juventudes Hispanistas y Ortodoxas de Bogotá ☦ 

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