La Caza de Uribe: El Juicio como Ritual de la Izquierda Globalista


En el ocaso del mes de julio de 2025, Colombia asistió a un acto de linchamiento judicial. La prensa, los jueces, los burócratas disfrazados de moralistas, celebraron un golpe bajo: el juicio contra Álvaro Uribe Vélez se inclinó por la vía de la condena simbólica. Poco importó la verdad, la historia, la lucha. Para la izquierda globalista, no se trataba de justicia: se trataba de venganza.

Uribe no es un hombre perfecto. Pero tampoco lo fue Don Pelayo, ni Hernán Cortés. No se trata aquí de un juicio penal, sino de una operación cultural e ideológica: la demonización de la tradición, la persecución de la soberanía, la erradicación del alma hispánica de Colombia. A través de una maquinaria jurídica infiltrada por el marxismo posmoderno, lo que se pretende es borrar del imaginario nacional toda forma de resistencia viril frente al caos neomarxista.

Porque eso es lo que Uribe representó en su momento: una línea de defensa, imperfecta pero firme, contra el narcocomunismo, contra el proyecto bolivariano que hoy se relame desde el poder, con Petro, Cepeda y Maduro al frente. La izquierda posmoderna lo odia no tanto por lo que hizo, sino por lo que simboliza: la defensa de una Colombia fuerte, rural, católica, guerrera.

Petro, Cepeda y los nuevos comisarios

Iván Cepeda no es más que un burócrata de la agitación. Hijo del castrismo y amante del resentimiento de clase, ha dedicado su carrera a la ingeniería del odio, no a la construcción de un país. Petro, por su parte, el avatar de Soros en el trópico, funge como presidente mientras su mirada vacía repite eslóganes del Foro de São Paulo.

Estos actores no operan solos. Son engranajes de una red continental: la izquierda globalista latinoamericana, hoy unida en torno a los intereses del capital desarraigado, del progresismo antinacional, del aborto y la disolución. Desde Caracas hasta Buenos Aires, pasando por Bogotá, operan como mamporreros del sistema financiero internacional que disfrazan de lucha social lo que en realidad es administración de ruinas.

Un juicio como advertencia

Lo que ha ocurrido con Uribe es un mensaje. Hoy es él; mañana seremos nosotros. Cualquiera que levante la voz contra el comunismo posmoderno será tachado de paria. Hoy no se les quema en la hoguera: se les ahoga con jueces y fiscales, se les lincha en medios, se les cancela con hashtags.

Pero Uribe, aún vencido, aún rodeado, no se ha doblegado. Y ese es el ejemplo que hay que rescatar: no el del político, sino el del símbolo. Uribe es el último bastión de una Colombia premoderna que se resiste a morir.

Hispanoamérica no se arrodilla

En Cuarta Roma creemos que hay que levantar la voz. Uribe no está solo. Y más allá de él, están todos los hombres y mujeres que resisten desde los campos, desde las iglesias, desde las trincheras culturales. La hispanidad no será borrada por la marea degenerada del comunismo internacional.

No necesitamos importaciones ideológicas ni revoluciones impostadas. Necesitamos recuperar la virtud, el deber, el orden. Volver a las raíces, a la sangre, al espíritu del Viejo Imperio, de la Tradición con mayúsculas.

Frente al nuevo Stalingrado cultural que nos quieren imponer, responderemos con nuestro Budapest espiritual.


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¡A todo Stalin le llega su Budapest!
¡Por la Tradición, el Orden y la Multipolaridad!

Comandante Pirro

Juventudes Hispanistas y Ortodoxas de Bogotá ☦ 


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