Abu Mohammed al-Gholani: El yihadista funcional al orden globalista
En medio del caos que ha desgarrado a Siria desde 2011, pocas figuras han encarnado de forma más cínica y ambigua el papel de peón útil al servicio de intereses foráneos como lo ha hecho Abu Mohammed al-Gholani, líder de Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Antiguo miembro de Al-Qaeda en Irak, discípulo indirecto de Abu Musab al-Zarqawi, Gholani ascendió rápidamente como cabecilla de la filial siria del yihadismo global. Pero con el tiempo, su trayectoria evidenció una transformación no sólo táctica, sino geopolítica: de insurgente radical a actor funcional del proyecto occidental en Siria.
Del radicalismo a la conveniencia
Originalmente comandante del Frente Al-Nusra, Gholani representaba un islamismo salafista-jihadista puro, hostil tanto a Damasco como a las potencias occidentales. Sin embargo, tras años de presión militar y política, su facción mutó bajo el nombre de HTS, formalmente desligada de Al-Qaeda pero, en la práctica, continuadora de su línea dura. No obstante, el discurso de HTS cambió: comenzó a presentarse como una fuerza "moderada", "racional" y "gobernable", capaz de administrar territorios como Idlib bajo cierta estabilidad.
Este cambio no fue gratuito, ni inocente. Fue funcional a los intereses de Washington, Tel Aviv y Ankara, que vieron en HTS una herramienta para frenar el avance del Eje de la Resistencia (Irán, Siria, Hezbollah) sin tener que mancharse las manos directamente.
Silencios convenientes y pasividad occidental
Mientras Damasco era bombardeado por Israel y sancionado por Estados Unidos, HTS recibió un tratamiento diferente. A pesar de su historial terrorista, HTS no fue atacado por la coalición occidental como lo fueron el Estado Islámico o incluso Al-Qaeda. ¿Por qué? Porque cumplía una función útil: mantener desestabilizada la región de Idlib, obstaculizar los avances del Ejército Árabe Sirio y servir de contención indirecta al poder ruso e iraní en Siria.
Las propias declaraciones de Gholani en medios internacionales, como sus entrevistas con PBS o Frontline, revelan esta estrategia de blanqueamiento mediático. Un ex yihadista de Al-Qaeda, presentándose en traje occidental, como supuesto líder de una Siria "alternativa". Esta operación de relaciones públicas no podría sostenerse sin connivencia con servicios de inteligencia regionales y transatlánticos.
Turquía, Israel y el papel de los servicios
HTS goza de una relación ambigua con Turquía, cuya presencia militar en Idlib ha servido como escudo protector para la milicia. Las patrullas conjuntas, los acuerdos de Sochi y la tolerancia mutua entre Ankara y HTS reflejan una colaboración implícita. Esta dinámica ha sido aprovechada por Israel, que bombardea objetivos iraníes y sirios mientras HTS no representa ninguna amenaza directa para Tel Aviv.
Hay informes, aunque no siempre confirmados por medios oficiales, que indican que agencias de inteligencia como la CIA y el Mossad han facilitado la supervivencia de ciertos líderes yihadistas para utilizarlos como fichas tácticas contra el régimen de Assad. En este tablero geopolítico, Gholani actúa como un amortiguador, un enemigo útil pero controlado, que permite que Siria siga fragmentada.
Conclusión: El enemigo que Occidente necesita
Abu Mohammed al-Gholani no es un "moderno reformista islámico", ni un actor legítimo de la lucha popular siria. Es un hombre de guerra reconvertido en intermediario útil de una estrategia mayor de desestabilización. Al permitir que HTS mantenga el control sobre Idlib, Occidente asegura una cuña permanente contra Damasco, Teherán y Moscú.
El relato del "combatiente por la libertad" es una máscara. Detrás de ella se esconde una estructura parasitaria sostenida por intereses externos que han instrumentalizado el islamismo radical como herramienta de presión geoestratégica. Gholani, lejos de combatir al sistema globalista, es uno de sus peones más eficaces en la guerra sucia de Siria.
Comandante Pirro
JUVENTUDES HISPANISTAS Y ORTODOXAS DE BOGOTÁ ☦
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